Columna de Opinión | Infraestructura, resiliencia y gestión de riesgos

Columna de Opinión | Infraestructura, resiliencia y gestión de riesgos

Por: Alicia Cebrián L. 

Ex Jefa de la Unidad de Gestión de Riesgo del Ministerio del Interior y Seguridad Pública

"Quizá porque nos hemos autodefinido como un país que sabe enfrentar emergencias y desastres y que, a los ojos de la comunidad extranjera, este manejo nos ha colocado en los lugares más altos de reconocimiento y de referencia a nivel mundial, es que ahora nos detenemos a reflexionar sobre la Resiliencia".

A nivel mundial, se ha verificado un importante cambio en la percepción y la forma en que se abordan los desastres. El foco no está puesto en el evento mismo o la respuesta de éste, sino más bien en el riesgo, entendido éste como una construcción social que antecede a la ocurrencia de un desastre.

Este cambio de paradigma ha llevado a que desde hace un tiempo en Chile se comenzara a hablar de la necesidad de construir resiliencia o de incorporar la resiliencia a los procesos de reconstrucción.

Según Naciones Unidas, si tomamos un periodo de veinte años, desde 1997 a la fecha, 4.400 millones de personas han sido afectadas por eventos o desastres naturales. Si se compara con los 7.528 millones de habitantes que hoy día tiene el planeta, en dos décadas ha sido afectado el equivalente al 57,8% del total de la población.

Naciones Unidas también establece que cada año, en promedio, son afectadas por desastres naturales en forma directa 221 millones de personas, que el 70% de los puntos más expuestos frente a los desastres en el planeta, pertenecen a países con un ingreso bajo[1], y que el 89% de las muertes como consecuencia de desastres a nivel mundial –básicamente tormentas–, también se producen en esos países. Por eso, el 90% de las víctimas de los desastres vive en países en desarrollo, en condiciones de pobreza que les empuja a vivir en áreas de alto riesgo, propensas a ser afectadas por terremotos, maremotos, inundaciones, remociones en masa o erupciones volcánicas.

A su vez, un Informe del Banco Mundial que catastró 21.700 desastres ocurridos en un periodo de 34 años en el mundo, concluye que ellos produjeron la muerte de 1.722.600 personas y que causaron pérdidas por 4.200 billones de dólares.

Nuestro país no está lejos de esta tendencia mundial, desde 1960 a la fecha vemos que, entre el 2014 y el 2017, el país ha enfrentado el 48% del total de los desastres ocurridos en el período, por lo que es posible pensar, que cada día tengamos más eventos producto del cambio climático, que estos sean más severos y que por lo tanto, los daños producidos por éstos, comprometan de manera importante el crecimiento del país, tal como ha sido a la fecha. Por ejemplo, la Superintendencia de Valores y Seguros calculó que el costo de la reconstrucción después del terremoto de febrero del 2010 equivale a 30 mil millones de dólares, o sea, el 18% del PIB del país.

Sólo en materia de respuesta a emergencias, el año 2010 Chile gastó más de 190.800 millones de pesos; el año 2015, fueron 195.900 millones; el año 2016 bajó a 76.900 millones y fracción y el año 2017 ascendió a 111.048 millones y fracción[2]. Vale decir, si hiciéramos caso a los informes del Banco Mundial en el sentido de invertir en prevención más que en respuesta, podríamos destinar importantes recursos a iniciativas de orden social, que permitirían ahorrar miles de millones de pesos, evitando sobre todo la pérdida de vidas.

Quizá porque nos hemos autodefinido como un país que sabe enfrentar emergencias y desastres y que, a los ojos de la comunidad extranjera, este manejo nos ha colocado en los lugares más altos de reconocimiento y de referencia a nivel mundial, es que ahora nos detenemos a reflexionar sobre la Resiliencia.

¿Pero qué es Resiliencia?, desde las ciencias físicas y la ingeniería, la resiliencia se refiere a la capacidad de resistir al estrés o la tensión sin romperse, o recuperar la forma original, como un resorte o un elástico.  En las ciencias de desarrollo humano la resiliencia apunta a la capacidad de recuperación de las experiencias traumáticas, venciendo las desventajas.

En términos de gestión de riesgos, los tratados internacionales como el Marco de Acción de Hyogo y el actualmente vigente Marco de Sendai, han puesto énfasis en la resiliencia, entendida ésta como la capacidad de un sistema y sus componentes de anticipar, absorber, adaptarse y recuperarse ante un evento peligroso.

Y si resiliencia implica entre sus acciones transformar, entonces los esfuerzos deberían concentrarse en modificar los factores subyacentes del riesgo, que son las verdaderas causas que generan el que vivamos frente a una amenaza.

El riesgo de nuestro país, y de Latinoamérica en general, es que estamos frente a un escenario repleto de debilidades:

  1. Tenemos territorios con multiamenazas (terremotos, tsunamis, remoción en masa, sequia e incendios forestales, etc.)
  2. Nuestro continente y en particular Chile se ven fuertemente amenazados por el cambio climático.  Según el Global Climate Risk Index, en un estudio presentado el año 2016, calificaba a Chile en el décimo puesto de los países más vulnerables y afectados por el fenómeno mundial del Cambio Climático.
  3. Intensa y desordenada expansión territorial, producto de una escasa planificación territorial y sin considerar de manera fundamental la gestión de riesgos.
  4. Segregación urbana, alentada por el alto precio del suelo, que lleva a altas concentraciones de población en zonas de riesgo.
  5. Escasa participación de la población en la toma de decisiones, en particular a las relacionadas con planificación territorial.
  6. Baja inversión sectorial en obras de mitigación, entre otras.

Como sociedad debemos entender que, para el caso de Chile, la conformación natural y los datos geofísicos, meteorológicos, etc., requieren reevaluar el tipo de infraestructura que tenemos y la relación que ésta tiene con los riesgos socionaturales. Las acciones de mitigación son inversiones de alto costo que deben considerar aspectos de justicia ambiental y espacial, que permitan reducir las desigualdades en sus efectos negativos y expandir las zonas y condiciones de seguridad a todos los sectores sociales, implicando que los grupos más marginados dejen de sufrir las mayores consecuencias en los procesos de desastre.

Los fenómenos son multicausales, por lo que el análisis debe centrarse en dimensiones espacio temporales y en “los nexos existentes entre la distribución de los riesgos, la accesibilidad y la disponibilidad de servicios e infraestructura, la distribución de la población vulnerable”[3], con el objeto de elaborar políticas públicas destinadas a la reducción del riesgo.

La resiliencia es transformar, y su inclusión requiere reconocer que las condiciones de vulnerabilidad son generadoras de riesgo y que éstas, tienen una dimensión política y social y por lo tanto una responsabilidad global que compromete la responsabilidad del Estado, sus Gobiernos, los privados y las comunidades.

La resiliencia es transformar, para reducir la vulnerabilidad a los desastres como condición que permita cuidar la vida y aspirar a construir mejores condiciones de desarrollo, crecimiento económico y bienestar social.

 

[1] El Banco Mundial clasifica:

- Países de ingreso bajo: hasta 1.045 dólares per cápita.

- Países de ingreso medio bajo: hasta 4.125 dólares per cápita.

- Países de ingreso medio alto: hasta 12.745 dólares per cápita.

- Países de ingreso alto: 12.476 dólares o más per cápita.

[2] Datos Subsecretaría del Interior- Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

[3] Campos-Vargas, Milagros, Alejandra Toscana-Aparicio y Juan Campos Alanís. 2015. “Riesgos socionaturales: vulnerabilidad socioeconómica, justica ambiental y justicia espacial”. Cuadernos de Geografía: Revista Colombiana de Geografía 24 (2): 53-69.

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