Columna de Opinión | Desafíos Futuros en Reducción del Riesgo de Desastres (RRD)

Columna de Opinión | Desafíos Futuros en Reducción del Riesgo de Desastres (RRD)

Por: Ricardo Toro*

Director Nacional de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública

"Se requiere que la gestión del riesgo de desastres no sólo tenga un enfoque prioritario y permanente por parte del Estado, sino que debe estar sustentado en adecuadas y oportunas Políticas Públicas"

En mi calidad de Director Nacional de ONEMI me correspondió en junio pasado, participar como jefe de la Delegación de Chile en la Plataforma Regional para la RRD efectuada en Cartagena de Indias – Colombia, la cual tenía como objeto intercambiar experiencias respecto a la implementación del Marco de Sendai para la RRD 2015-2030 en el aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres. Posteriormente, durante el presente mes, concurrí en mi calidad de integrante del Grupo Asesor y Consultivo del Secretario General de Naciones Unidad en el Fondo Central para la Acción en casos de Emergencia (CERF),  a la 2da Reunión anual del Grupo en Nueva York - EE.UU., para analizar el reporte  anual sobre las donaciones y préstamos efectuados (480.000.000 de dólares) destinados a apoyar en forma rápida y efectiva la acción humanitaria  tendientes a salvar vidas  de poblaciones afectadas por crisis (especialmente las olvidadas), en cualquier parte del mundo.

En ambas instancias – no obstante, desempeñan roles distintos – se resaltó el impacto que está teniendo y tendrán en el futuro los eventos de tipo meteorológicos (tormentas tropicales, ciclones, temperaturas extremas), climatológicos (sequías, incendios forestales, epidemias) e hidrometereológicos (inundaciones, remociones en masa, marejadas), presentándose como escenarios extremos tanto en frecuencia como en su afectación.

Es así, como en el ámbito de la Plataforma, se reafirmó el impacto del cambio climático y se estableció la necesidad de lograr reducir la vulnerabilidad y fortalecer la resiliencia de las comunidades, a través de invertir en la RRD para lograr un desarrollo sostenible en un clima cambiante. De igual modo, en el ámbito de la Reunión Consultiva, es notable el incremento sustantivo de los recursos entregados, necesario para salvar vidas producto de las crisis producidas por el cambio climático y El NIÑO, pasando a ser la segunda más alta después de los conflictos, monto que se estima, se incrementará en los próximos años.

Lo anterior, no hace más que validar el estudio realizado en un período de casi 30 años (1980 – 2017) por el MunichRE de Alemania, donde se observa que la tendencia al alza en la frecuencia y ocurrencia de las amenazas se radica principalmente en las amenazas meteorológicas, hidrometereológicas y climatológicas. Ello también concuerda con el Panorama de los Riesgos Globales 2018 elaborado por el Foro Económico Mundial, en donde se establece que los riesgos de más alta probabilidad de ocurrencia y de mayor impacto serán aquellos asociados a eventos climáticos extremos.

Para Chile, lo descrito no hace más que confirmar que las emergencias que ha enfrentado en los últimos años (lluvias torrenciales, aluviones e incendios forestales con condiciones meteorológicas extremas) son parte de esta nueva realidad global, donde nuestro país tiene 7 de los 9 criterios que definen el impacto del cambio climático. Y que, si bien, las hemos enfrentado con un Sistema de Gestión del Riesgo de Desastres que funciona, al igual que como lo hicimos en los terremotos/tsunamis, debemos desarrollar e incorporar nuevas capacidades tecnológicas y operativas de monitoreo y alertamiento acorde a estos nuevos escenarios, considerando la alta exposición y vulnerabilidad a que se ven enfrentados numerosos centros poblados en nuestro territorio. Ello conlleva en forma urgente a reforzar la actual red meteorológica nacional e implementar una red de monitoreo de quebradas y de zonas altamente expuestas a remociones en masa, reforzado con acciones preventivas que además de fortalecer los gobiernos locales, permitan que la población conozca el riesgo y sepan cómo enfrentarlo, como también, relevar la importancia de que el abordaje del riesgo de desastres debe ser transversal, sectorial, inclusivo y basado en alianzas público-privadas que permitan aunar capacidades para gestionar y reducir el riesgo de desastres.

Es importante entender, que, además de tener que prepararnos para enfrentar estos nuevos escenarios, no debemos descuidarnos de las amenazas geológicas, ya que somos uno de los países más sísmicos del mundo y con una alta concentración de volcanes (2000 volcanes de los cuales 90 activos). A nivel mundial entre el 2014 a la fecha han ocurrido 29 sismos de magnitud 7.5 o superior, 25 de éstos tuvieron epicentro en la cuenca del Pacífico y 4 de ellos en Chile con las magnitudes Richter más altas (8.3 Coquimbo – 8.2 Iquique).  Del mismo modo, se han registrado para el mismo período 12 erupciones volcánicas significativas, 2 de ellas ocurrieron en nuestro país.

Esta nueva realidad, nos impone la necesidad de que nuestro Sistema de Gestión de Riesgo de Desastres de Chile, deje de estar basado en un marco normativo indicativo y que dependa de las voluntades de sus actores, para lo cual se debe fortalecer su institucionalidad con un sustento legislativo, lo que abarca una tarea mucho más amplia y que requiere de esfuerzos normativos de múltiples sectores del país que los hagan vinculante y sinérgico, dado que necesariamente deben ir de la mano junto al debido soporte financiero, cultural y político que estas materias requieren para su implementación.

Ello se logra a través de un Servicio Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres con las atribuciones y capacidades de gestión y operativas adecuadas, reforzando y potenciando lo actualmente existente; una planificación como instrumento de gestión que permita la integración de todos los actores, como asimismo una coherencia en todos los niveles de la estructura del estado en conformidad a las fases del ciclo del riesgo y; una ley (largamente esperada) que además de normar los dos aspectos anteriores, establezca las responsabilidades, funciones y atribuciones de los que integran el Sistema en sus diversas instancias y roles, se alinee con el marco conceptual y prioridades del Marco de Sendai, especifique las capacidades transversales y operativas como instrumentos de gestión (planificación, telecomunicaciones, informaciones, mapas de amenaza) que requiere el país para enfrentar en forma adecuada y realista las amenazas. Esto último, debe contar con el financiamiento a través de un programa de gestión del riesgo de desastres en el presupuesto del servicio, en donde adquiere especial prioridad la participación de las municipalidades, que constituyen actualmente el eslabón más débil de todo el sistema.

Finalmente, enfatizar, que Chile por sus características geográficas y económicas debe enfrentar las amenazas con la estructura del Estado y los integrantes del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres que aportan capacidades. Teniendo en consideración que el nivel de afectación se ha incrementado ostensiblemente, sobrepasando incluso las capacidades del Estado, se requiere que la gestión del riesgo de desastres no sólo tenga un enfoque prioritario y permanente por parte del Estado, sino que debe estar sustentado en adecuadas y oportunas Políticas Públicas.

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*Ricardo Toro Tassara

General de División del Ejército (R), graduado como Oficial de Estado Mayor, con títulos en post – grado en Magister en Gestión de Negocios, Magister en Recursos Humanos y Magister en Planificación Estratégica. Dentro de sus funciones en el Ejército donde llegó a ser la 2da Antigüedad de éste, destaca la de Comandante Adjunto de las Fuerzas Militares de la MINUSTAH, debiendo asumir en el ejercicio de su cargo, la coordinación durante las primeras 72 horas de las acciones post terremoto 2010 en Haití. Fue nombrado como Director Nacional de ONEMI el 20 de Diciembre del 2012 y ratificado por la Presidenta de la República el año 2014. Ostenta su puesto por el Sistema de Alta Dirección Pública, cargo que le fue renovado por un nuevo periodo de tres años, a partir de noviembre de 2016.

En octubre de 2017 fue nombrado miembro del Grupo Consultivo del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) que orienta y asesora al Secretario General de Naciones Unidas sobre la utilización y asignación de recursos del Fondo, el cual constituye uno de los de los mecanismos más eficaces para apoyar una respuesta rápida a las personas afectadas por crisis humanitarias, incluyendo las llamadas “crisis olvidadas” y emergencias humanitarias con financiamiento insuficiente.

Fuente: ONEMI

 

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