Columna de Opinion | Cambio Climático y Gestión de Riesgo

Columna de Opinion | Cambio Climático y Gestión de Riesgo

Por: Camilo Navarro Ceardi

Economista, Socio Fundación Cisne Negro, Docente FEN-U de Chile y Consultor FAO.

"Si observamos el número de eventos catastróficos en los últimos 47 años en el planeta, es clara la tendencia de aumento de las catástrofes naturales, de menos de 50 por año a casi 200 por año"

 

Los pronósticos que se hacen respecto a lo que significaría el cambio climático en nuestro diario vivir señalan: a) habrá un aumento gradual del valor medio de la temperatura global y modificación del régimen de precipitaciones; b) se incrementará la presencia de inviernos cortos y suaves con mayor peligro de heladas primaverales; c) aumentará la intensidad de los ciclones tropicales, las ondas de calor y la intensidad y frecuencia de eventos extremos como sequías, lluvias torrenciales e inundaciones; d) habrá una mayor incidencia de plagas y enfermedades; e) cambiarán los patrones de producción y su distribución geográfica; y f) la evaluación de riesgos será más compleja.

En 17 de los últimos 18 años (2000 a 2017) encontramos los años más calientes de los que se tenga registro. El cambio climático probablemente dé lugar a una mayor frecuencia de inviernos cálidos y primaveras adelantadas, lo que, favorecerá el desarrollo temprano de las plantas, la prolongación del periodo de crecimiento y el crecimiento anticipado del cultivo, lo que hace que cada vez sea más vulnerable a olas de frío, ya que la frecuencia y gravedad de las heladas a finales de primavera no ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Las condiciones más cálidas, especialmente durante el invierno, entrañan otros problemas para la agricultura, en el sentido de que afectan a la proliferación de especies invasoras y enfermedades. Además, fenómenos meteorológicos como la sequía, fuertes precipitaciones y tormentas pueden ser cada vez más frecuentes y severos debido al cambio climático, afectando aún más al medio de sustento de los agricultores.

Por otra parte, si observamos el número de eventos catastróficos en los últimos 47 años en el planeta, es clara la tendencia de aumento de las catástrofes naturales, de menos de 50 por año a casi 200 por año, no siendo tan evidente esa tendencia en el caso de los siniestros antropógenos, asociados a la actividad humana y que salvo, en parte los incendio, no se le pueden atribuir al cambio climático.

Además, según el World Economic Forum, de todos los riesgos que pueden afectarnos, entre los diez más probables, cinco son medioambientales y, en cuando a los de mayor mpacto, 4 de 10 son medioambientales.

Y ahora, ¿qué podemos/debemos hacer? Lo primero, es mitigar el cambio climático, que buena parte de éste ya lo estamos viviendo, por ello, adaptarnos, independiente de cuanto logremos mitigarlo cobra una gran relevancia. Ahí aparecen las estrategias de gestión del riesgo, así como los distintos instrumentos y/o herramientas que disponemos para hacer sostenibles las distintas actividades.

Entonces, existen distintas estrategias en función del nivel de riesgo que enfrentamos, que deberíamos aplicar en cada actividad productiva en que estemos, en particular, las que se realizan al aire libre, que están más expuestas al cambio climático.   De acuerdo a Mananging Risk In Agriculture (OCDE, 2011), son las siguientes. 

  • Nivel de Riesgo Catastrófico (extraordiario, nivel de daño alto y sistémico). Respuesta óptima son políticas ex ante y ex post: reglas de asistencia para desastres; y pagos posteriores claves
  • Nivel de Riesgo Transferible al Mercado (rango medio): Respuesta óptima son herramientas de mercado: contratos plazo, seguros, distribución de los riesgos a través de cooperativas
  • Nivel de Riesgo Normal (daño acotado, pero frecuente): Respuesta óptima son las estrategias productivas: diversificación de actividades, acumulación de ahorros y uso de tecnologías que permitan obtener rendimientos menos variables

Dentro de las herramientas que ofrece el mercado, la más desarrollada es la de los seguros, donde lo que se busca es transferir a terceros los distintos riesgos a que estamos expuestos. Y en particular, para transferir los riesgos climáticos (lluvias excesivas o extemporáneas, heladas, sequías y vientos fuertes) y de incendio para frutales y plantaciones forestales, no sólo existen seguros, sino que además el Estado de Chile subsidia su prima, por lo que, cada empresa debería definir su propia estrategia de gestión de riesgo para asegurar la sostenibilidad de la misma.

 

 

 

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